Cuando sentimos ansiedad, es natural querer que desaparezca cuanto antes. Algunas personas encuentran en el alcohol, el cannabis u otras sustancias un alivio momentáneo. El problema aparece cuando ese recurso se convierte en la respuesta habitual ante situaciones incómodas y cada vez resulta más difícil afrontar el malestar de otra manera.
Buscar alivio puede acabar manteniendo el malestar
Cómo puede formarse este círculo
Aparece una emoción difícil
Preocupación, tensión, inseguridad o estrés que cuesta gestionar.
El consumo proporciona un alivio temporal
La persona aprende a asociar la sustancia con un descanso rápido, aunque sus efectos varían y pueden conllevar riesgos.
El problema de fondo sigue ahí
Cuando pasa el efecto, las preocupaciones continúan y, en algunos casos, pueden intensificarse la ansiedad o las dificultades para dormir.
Crece la necesidad de repetir
Si esta secuencia se repite, el consumo puede acabar funcionando como una estrategia automática para evitar emociones o situaciones.
¿Consumir para relajarse significa tener una adicción?
No necesariamente. Una conducta aislada no permite establecer un diagnóstico. Es importante considerar la frecuencia, el contexto, las consecuencias, la capacidad para dejar de consumir y el grado de interferencia con la vida diaria. Tampoco toda ansiedad está causada por el consumo ni todas las personas que consumen sustancias tienen un trastorno de ansiedad.
Qué puede aportar la terapia
Un acompañamiento psicológico especializado ayuda a comprender qué función cumple el consumo y qué situaciones lo desencadenan. También permite trabajar herramientas de regulación emocional, hábitos de descanso, formas de afrontar el estrés y decisiones más coherentes con tus objetivos. Cuando existen problemas de salud mental y consumo simultáneamente, puede ser necesario un abordaje coordinado.


