Cuando el sexo y las sustancias empiezan a superarte
El chemsex es una práctica que consiste en consumir determinadas sustancias psicoactivas de forma intencionada para mantener relaciones sexuales, habitualmente durante varias horas y, en ocasiones, durante días. Se asocia principalmente a hombres gais, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres (HSH), dentro del contexto social y sexual del colectivo LGTBI+.
En España, entre las sustancias que pueden aparecer en estas sesiones se encuentran la mefedrona (mefe), la metanfetamina (tina), la M o MDMA, las catinonas sintéticas como la alfa y el GHB/GBL, conocido en el argot como chorris. El consumo suele producirse en fiestas privadas, chills y saunas, y puede implicar la combinación de varias sustancias, la repetición de dosis y encuentros sexuales prolongados.
Aunque no todas las personas que practican chemsex desarrollan un problema, el consumo puede llegar a adquirir una intensidad y una frecuencia difíciles de controlar. Algunas personas empiezan buscando más placer, desinhibición o una experiencia sexual diferente, pero terminan atrapadas en sesiones que se alargan mucho más de lo previsto, con dificultades para parar, descansar o tomar decisiones con claridad.
Las consecuencias pueden ir mucho más allá de los efectos inmediatos de las drogas. La falta de sueño, el agotamiento físico, la ansiedad, el bajón emocional y, en algunos casos, los episodios de paranoia o alteraciones de la percepción pueden hacer que la recuperación después de una sesión sea especialmente difícil. También pueden aparecer intoxicaciones graves, conductas sexuales que no se habían previsto o situaciones en las que resulta más difícil mantener los propios límites y garantizar el consentimiento.
Con el tiempo, el chemsex puede empezar a desplazar otras áreas de la vida. El trabajo, las relaciones personales, el descanso y otras formas de ocio pueden quedar relegados, mientras aumenta la necesidad de repetir la experiencia. Algunas personas descubren que cada vez les cuesta más disfrutar del sexo sin sustancias o que han perdido interés por actividades que antes les resultaban satisfactorias.
Cuando el chemsex deja de ser solo una experiencia
Cuando el consumo empieza a condicionar tu vida sexual, tu bienestar y tu capacidad para decidir, ya no basta con intentar reducir los riesgos de cada sesión.
En algunos casos, la persona sigue centrada en controlar cuánto consume o en evitar determinadas consecuencias, pero le cuesta reconocer hasta qué punto el problema está afectando a su vida. Puede prometerse que la próxima sesión será diferente, pasar días recuperándose y volver a consumir cuando reaparece la oportunidad. También puede mantener una vida laboral aparentemente normal mientras el consumo ocupa cada vez más espacio mental, emocional y social.
Comprender el chemsex problemático exige mirar más allá de las sustancias. Es necesario tener en cuenta qué papel desempeña el sexo, qué se busca en estas experiencias, cómo se establecen las relaciones y qué dificultades pueden existir en la intimidad, la autoestima o la regulación emocional. Todo ello debe abordarse sin prejuicios hacia la orientación sexual, las prácticas sexuales o el deseo de experimentar placer, pero sin minimizar las consecuencias cuando el consumo empieza a escapar del control.
En Ser Libre Psicología contamos con los conocimientos y la sensibilidad necesarios para abordar las adicciones teniendo en cuenta el contexto social y sexual del colectivo LGTBI+. Sabemos que el miedo a ser juzgado o a encontrarse con profesionales que desconocen esta realidad puede dificultar la búsqueda de ayuda. Por eso, ofrecemos un espacio en el que hablar abiertamente sin juicios y con el objetivo de recuperar el control.
Preguntas frecuentes
Aquí tienes respuestas a las preguntas más habituales sobre las sesiones y el proceso terapéutico.
¿Todo el chemsex es problemático o adictivo?
No todas las personas que practican chemsex desarrollan una adicción ni experimentan las mismas consecuencias. Sin embargo, es una práctica de alto riesgo, con sustancias de elevado potencial adictivo y una importante capacidad para afectar a la salud, las relaciones personales y la vida laboral.
El placer intenso, la desinhibición y la sensación de conexión pueden hacer que los riesgos pasen a un segundo plano. El problema no aparece únicamente cuando pierdes el control de forma evidente: también cuando empiezas a asumir un coste personal cada vez mayor para mantener una experiencia que te cuesta dejar atrás.
¿Puede ser perjudicial una sesión de chemsex de 24 o 48 horas si siento que tengo el consumo bajo control?
Sí. Una sesión prolongada puede tener consecuencias importantes incluso cuando no identificas una pérdida de control. Pasar muchas horas consumiendo sustancias y manteniendo relaciones sexuales puede alterar el descanso, provocar agotamiento físico y dejar un bajón emocional, ansiedad, irritabilidad o dificultades para concentrarte y rendir en el trabajo durante los días posteriores.
También pueden aparecer situaciones sexuales que no habías previsto, dificultades para mantener tus propios límites o exposiciones a infecciones de transmisión sexual (ITS) que requieran pruebas, seguimiento y, en su caso, tratamiento. La incertidumbre y la preocupación posteriores pueden añadir una carga emocional considerable.
Que puedas retomar tu rutina o que no hayas sufrido una consecuencia grave no significa que la experiencia haya sido inocua. La cuestión es cuánto te cuesta recuperarte y qué repercusiones estás asumiendo después de cada sesión.
¿Las conexiones que siento con otras personas durante el chemsex son de calidad?
La sensación de conexión puede ser intensa y formar parte de lo que hace atractiva esta práctica. Sin embargo, la desinhibición y los efectos de las sustancias pueden hacer que la cercanía, la confianza o la intimidad parezcan más profundas de lo que después se mantienen fuera de ese contexto.
Además, la sensación de pertenencia a un grupo puede contribuir a normalizar sesiones prolongadas y consumos que, vistos desde fuera, resultarían preocupantes. Cuando parte del colectivo participa, puede ser más difícil reconocer el daño o plantearse un cambio sin sentir que se pierde también una parte de la vida social.
Sentirte conectado durante el consumo no garantiza que estés construyendo los vínculos que necesitas. Conviene preguntarse qué queda de esas relaciones cuando termina la sesión y cómo te sientes contigo mismo durante los días siguientes.
¿Cómo puedo saber si el chemsex se ha convertido en un problema?
No necesitas haber perdido el trabajo, sufrido una intoxicación grave o desarrollado una dependencia evidente para planteártelo. Algunas señales de alerta son pasar muchas más horas consumiendo de las que habías previsto, necesitar varios días para recuperarte, incumplir responsabilidades, descuidar relaciones o comprobar que tu estado de ánimo depende cada vez más de estas experiencias.
También conviene prestar atención si el sexo sin sustancias empieza a parecerte poco estimulante, si necesitas consumir para sentirte deseado o conectado con los demás, o si sigues repitiendo sesiones pese a las consecuencias que te generan.
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