Adicciones - Juego y apuestas

Juegos y apuestas

El juego problemático o la ludopatía pueden comenzar de una forma aparentemente inofensiva: unas monedas en una tragaperras, una apuesta deportiva con amigos o una partida online. Lo que empieza como entretenimiento puede acabar convirtiéndose en una necesidad difícil de controlar.

Las tragaperras, las apuestas deportivas y las plataformas de juego online facilitan apostar en cualquier momento y desde cualquier lugar. En particular, las apuestas deportivas han ganado presencia entre el público masculino y joven, acercando el juego a entornos donde puede percibirse como una forma más de ocio o incluso como una manera de ganar dinero.

Uno de los principales problemas es la falsa sensación de control. El jugador puede llegar a creer que conoce el sistema, que ha aprendido a anticipar los resultados o que una racha favorable demuestra que sabe lo que hace. Se recuerdan las ganancias, se minimizan las pérdidas y, cuando estas se acumulan, puede aparecer la necesidad de recuperar el dinero apostando de nuevo.

Sin embargo, no todos los jugadores continúan apostando porque crean que van a recuperar lo perdido. En ocasiones, son conscientes de que están perdiendo dinero y de las consecuencias que tiene el juego, pero siguen buscando la excitación, el placer o la desconexión que les proporciona. Para algunas personas, jugar se convierte en una forma de escapar temporalmente de las preocupaciones, el aburrimiento o el malestar emocional.

Con el tiempo, el juego puede ocupar cada vez más espacio mental y económico. Aparecen las preocupaciones, las deudas y los intentos de ocultar cuánto se juega o cuánto dinero se ha perdido. La vergüenza, el desánimo y el miedo a reconocer las consecuencias pueden llevar a mentir a la pareja o a la familia, aumentando los conflictos y el aislamiento.

La realidad

El juego siempre encuentra una razón para que vuelvas a apostar. Si ganas, piensas que puedes ganar más. Si pierdes, necesitas recuperar lo perdido. Y si decides parar, puede aparecer la idea de que quizá la próxima vez sea diferente.

A veces, basta con que el juego te permita desconectar, sentir excitación o dejar de pensar durante un rato en aquello que te preocupa. Aunque sepas que te está perjudicando, ese alivio inmediato puede acabar pesando más que las consecuencias.

La mente encuentra argumentos para seguir: «Estoy a punto de recuperar el dinero», «esta vez lo tengo controlado», «solo voy a jugar un poco». Mientras tanto, puedes empezar a ocultar tus apuestas, justificar gastos o aplazar el momento de afrontar las consecuencias.

El problema ya no es únicamente el dinero que has perdido, sino todo lo que estás poniendo en juego para poder seguir jugando: la tranquilidad, la confianza de quienes te rodean, tu economía y tu bienestar.

En Ser Libre Psicología trabajamos para comprender qué lugar ha llegado a ocupar el juego en tu vida, qué mecanismos te mantienen atrapado y cómo recuperar el control sobre tus decisiones.

Una terapia efectiva empieza resolviendo tus dudas.

Preguntas frecuentes

Aquí tienes respuestas a las preguntas más habituales sobre las sesiones y el proceso terapéutico.

  • El problema aparece cuando empiezas a perder el control sobre tus decisiones o cuando el juego ocupa más espacio del que te gustaría reconocer.

    Puede que acabes apostando más de lo previsto, que intentes recuperar el dinero perdido o que incumplas una y otra vez tu decisión de dejarlo. También cuando empiezas a ocultar cuánto juegas, mientes sobre las pérdidas o aparecen problemas económicos, discusiones familiares o malestar emocional.

    A veces, el propio jugador resta importancia a lo que ocurre porque sigue cumpliendo con sus responsabilidades o porque cree que todavía puede recuperar el dinero.

  • Algunas personas consiguen dejar de jugar por su cuenta, especialmente cuando el problema todavía no está muy consolidado. Sin embargo, cuando llevas tiempo intentándolo y acabas volviendo a apostar, quizá sea momento de plantearse ayuda profesional.

    Dejar de jugar durante unos días puede aliviar la preocupación y hacerte sentir que has recuperado el control. Pero si no cambian los pensamientos, las situaciones y los mecanismos que te llevan a apostar, el problema puede reaparecer.

  • Porque aceptar una pérdida puede resultar muy difícil, especialmente cuando crees que todavía puedes recuperarla jugando.

    Aparecen pensamientos como «solo necesito una buena apuesta», «estoy cerca de recuperar lo perdido» o «no puedo dejarlo ahora, después de todo lo que he perdido». Una ganancia puede reforzar esa sensación de control, mientras que una nueva pérdida aumenta la necesidad de seguir intentándolo.

    Pero el dinero que has perdido no se recupera necesariamente apostando más. Intentar compensar las pérdidas puede llevarte a arriesgar cantidades cada vez mayores y agravar el problema.

  • El primer paso es comprender qué lugar ha llegado a ocupar el juego en tu vida y qué te lleva a seguir apostando, incluso cuando sabes que te está perjudicando.

    Se trabaja en identificar las situaciones y los pensamientos que activan el impulso de jugar, cuestionar la falsa sensación de control y desarrollar herramientas para manejar los impulsos de jugar.

    También se abordan las consecuencias económicas, personales y familiares, así como la recuperación de la confianza y de aquellas áreas de la vida que han quedado desplazadas.

    El objetivo no es simplemente dejar de apostar durante un tiempo, sino romper el ciclo que te lleva a volver a jugar y recuperar una vida en la que el juego deje de dirigir tus decisiones.

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